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lunes, 2 de julio de 2007

"Es un honor estar con Obrador"

Radio Macuto España se trasladó ayer a la Ciudad de México para asistir a la manifestación de la Jornada nacional de protesta contra el fraude electoral (hoy se cumple el primer aniversario de la elección presidencial), que congregó a varios miles de personas en el zócalo capitalino.

La crónica, si eso, para mañana...



Nota aclaratoria: La primera foto es de Associated Press, nosotros estábamos metidos hasta las cejas en el bollo

viernes, 15 de junio de 2007

"La gente vive alrededor de Valsequillo*, consume agua contaminada y sienten que tuvieron la fortuna de tener ese lugar para vivir. Aguantan vivir aislados, con agua de mala calidad, sin servicios educativos o médicos... sienten que es parte de su condición de pobreza y se considera que es como un mal social que hay que aceptar. Esta naturalizado, en lugar de sublevarnos ante noticias como las que acaban de darse de que México está ocupando el lugar 108 en desigualdad.

Ya tenemos a Slim** entre los más ricos del mundo y al mismo tiempo, como país, estamos en lugar 108.Y conectas esta noticia, que en abstracto parece que no quiere decir nada, con personas concretas de pueblos concretos que están viviendo la pobreza como algo que no pueden enfrentar, que no está en sus manos.

La sociedad se acostumbra a esos niveles de pobreza y de miseria. Tener un 1% con agua corriente a menos de media hora de la capital del estado es ética, política y nacionalmente inaceptable. La gente carga con tantos problemas que no es capaz de actuar y los que tenemos un poco más de visión no hacemos nada."

Son palabras de Raúl Hernández Garciadiego, director general de Alternativas, ONG especializada en proyectos de desarrollo sostenible, social y regional.

Quizás esto no suene especialmente revelador, pero a mí me ha dado una clave con la que hasta ahora no había contado: la idea generalizada y subyacente en la mentalidad dominante que nos hace pensar que la pobreza es algo coyuntural, una estructura con la que hay que aprender a vivir porque no se puede cambiar.

Cada vez que voy a hablar con él, hago el camino de vuelta a Tehuacán en las combis infernales de San Lorenzo con ganas de cambiar el mundo. Y, aunque no lo sepa, se lo agradezco enormemente, porque también yo soy víctima de esa naturalización de la pobreza, que acaba haciendo que percibas como normal ver gente descalza por la calle, por poner solamente un ejemplo.

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* Presa de Valsequillo, embalse que abastece de agua a medio estado de Puebla y que recibe diariamente 108 toneladas de contaminantes. Cianuro y plomo son algunos de los elementos que se han detectado en sus aguas. La semana pasada, el gobernador del estado, Mario Marín, reconoció que la contaminación provoca leucemia, pero no deformaciones ni mutaciones. Ahora ya nos hemos quedado mucho más tranquilos...

** Carlos Slim, dueño de medio país y el segundo hombre más rico del mundo según Forbes.


And the radio plays:
In the night. Amparanoia

domingo, 20 de mayo de 2007

El regreso de Willebaldo

*Advertencia: post requetelargo

El otro día me tocó cubrir la llegada de los restos mortales de Willebaldo Dorantes Antonio, un emigrante de 23 años natural del municipio de San José Miahuatlán, que murió hace dos semanas en Las Vegas como consecuencia de la explosión de una bomba que, supuestamente, la ex pareja de su novia había colocado en su coche.

Eran las 22:00 horas. Centenares de personas esperaban la llegada del cadáver de Willebaldo a la entrada del pueblo. Llevaban días esperando, en realidad. El silencio se hizo cuando el coche fúnebre se acercó. Durante un kilómetro, una comitiva de cientos de personas, formada principalmente por plañideras que murmuraban cadenciosas letanías en náhautl, acompañó el féretro. La madre y hermano parecían un par de espantapájaros, que apenas acertaban a tenerse en pie.

Nadie hablaba español, era como si no me encontrara en un país castellano parlante. Si Esaú, el fotógrafo del periódico, no me hubiera ido traduciendo lo que la gente decía, habría sido como estar en Armenia, por poner un ejemplo.

Un hombre hablaba en el interior de una vasija y decía “Bienvenido a casa Willebaldo, ya estás en casa”, mientras las mujeres repetían estas mismas palabras sacudiendo el polvoriento suelo con palmas, para evitar que su espíritu se alejara del pueblo.

Desde que estoy en México, en muchas ocasiones he establecido paralelismos entre las situaciones que he presenciado y las películas de Buñuel, Berlanga y, últimamente, cada vez más a menudo, Kusturika. El otro día me sentí más bien como si estuviera en Comala, el desolado y fantasmagórico pueblo al que Juan Preciado acude a buscar a su padre, Pedro Páramo.

Algo que se menciona hasta la saciedad cuando se habla de manifestaciones culturales en países como México, es el famoso sincretismo, que nunca había percibido con tanta intensidad. A pesar de las cruces y los santiguamientos continuos, aquellos ritos funerarios de raíces prehispánicas que presencié poco tenían que ver con el culto romano.

Cuando el ataúd descendió del coche junto a la casa familiar de los Dorantes, para ser colocado en un altar minuciosamente preparado, los gritos de dolor se hicieron más fuertes. Una banda de música comenzó a tocar. El saxofonista lloraba mientras soplaba su instrumento. “Human remains”, rezaba la pegatina de la caja en que el féretro estaba envuelto.

Al día siguiente, cuando llegamos a la casa para cubrir el entierro, el pueblo entero seguía desde la víspera congregado bajo una carpa, desfilando junto al féretro y despidiéndose del fallecido, uno por uno, con saumerios llenos de copal ardiendo. Dentro de la casa de los Dorantes, la actividad era frenética: decenas de mujeres se afanaban en preparar comida para todos los invitados.

Mario, el hermano de Willebaldo, que ya había dejado de llorar, nos ofreció amablemente tequila, mole, tortilla y frijoles. Y es que ya me lo habían advertido: “Aquí morirse es una fiesta”. Y no hay más. Nada de intimidad, de recogimiento: el luto se comparte con cientos de personas y se vive con comida, refrescos, cerveza y dulces. Nadie concibe que pueda ser de otra manera.

Ya en el panteón, los mariachis se desgañitaban mientras el resto de los presentes lloraba. Alguien, precavidamente, se había acordado de llevar agua bendita en una botella de Coca Cola y la vertía sobre el ataúd.

Los primeros puñados de tierra comenzaron a caer sobre la tumba: el viaje había terminado.



La llegada de los restos mortales a San José Miahuatlán

Mujeres rezagadas en el camino al cementerio


And the radio plays:
Yamore. Salif Keita

viernes, 4 de mayo de 2007

Realidades

Hoy hemos estado en San Isidro, una colonia del municipio de Santiago Miahuatlán. El asunto que nos ha llevado hasta allá era cubrir una entrega de cisternas para almacenar el agua que el Club Rotario, (una especie de ONG de ricachones que opera all around the world y a cuyas filas han pertenecido o pertenecen miembros tan insingnes como George Bush, Rainiero de Mónaco, Walt Disney o Augusto Pinochet), entregaba a familias necesitadas.

La industria avícola es uno de los sectores más importantes de Tehuacán y precisamente junto a San Isidro está situado el rastro de aves, donde se realiza la matanza de los pollos que más tarde se comercializan.

Los restos, desechos y cádaveres sobrantes de las gallinas se entierran a la entrada de San Isidro y, a ratos, por las calles del pueblo, deambulan bocanadas de un olor nauseabundo que obligaba a los rotarios a taparse disimuladamente la boca y la nariz con la mano mientras ejercían su acción caritativa, inmortalizada por cámaras digitales de última generación. El matadero que es directamente responsable de este hedor pertenece a los Romero, una de las familias más ricas de la región.

Y es que en este mundo no son los cadáveres de pollo lo único que apesta.



Paseando por el pueblo, me he topado con la mirada de este niño que no apartaba los ojos de donde estábamos nosotros. A mí me ha parecido que, sin hablar, lo que preguntaba insistentemente era: "¿Qué hacéis vosotros aquí?"

Y tenía toda la razón al planteárnoslo, porque aquel agujero, aunque inmundo y miserable, era su agujero. Ni todas las cisternas del mundo van a cambiar eso.

Yo no soy miembro del Club Rotario y he sentido mucha vergüenza por participar de ese circo de la beneficiencia me-saco-tres-fotos-con-estos-pobrecitos-y-me-voy. Pero es un hecho que pertenezco a otra realidad, probablemente más cercana a los rotarios que a ese niño.

Nací del otro lado de esos ojos. Ni todas las cisternas del mundo van a cambiar eso.


And the radio plays: Canción sin título. Decora

miércoles, 14 de marzo de 2007

Vivir para ver


El hombre del micrófono, llamado Tomás, logró el otro día que el pueblo de Azumbilla entero montara en cólera. Un vecino lo pilló de madrugada intentando sacar su ranchera de un cerro en el que hacía una semana habían encontrado unas cruces y unas ofrendas un tanto extrañas.

La gente de los pueblos en esta zona es tremenda y tiene más carácter que Chicho Terremoto y Chavela Vargas juntos, así que ni cortos ni perezosos decidieron retenerlo hasta que les diera una explicación satisfactoria.

Para cuando yo llegué, a las 12.00 del mediodía, pensando que era una toma de Palacio como otra cualquiera (nos llamaron diciendo que habían encontrado oro, lo que hace la gente para atraer a la prensa no tiene límites), el tipo estaba todavía encaramado a la barandilla del Palacio municipal, cerrado a cal y canto para protegerlo de los habitantes que le gritaban de todo menos “guapo”. A saber cuántas horas llevaba el pobre desgraciado asomado al balcón intentando explicarse.

El presi municipal –el gordito de la gorra- a ratos no podía aguantarse la risa, aunque trataba de hacer las clásicas declaraciones tranquilizadoras típicas de autoridad paternalista adoptando un tono lo más serio que la situación le permitía.

El tal Tomás enseguida admitió haber colocado las cruces y la ofrenda en el cerro. Pero, amiguitos, agarraos los empastes antes de escuchar su versión. Contó detenidamente cómo la primera vez que visitó la zona, en compañía de un constructor que le invitó a colaborar con él en un negocio de extracción de piedra de la cantera, empezó a sentirse mal porque un espíritu le había poseído exigiéndole que llevara aquellos objetos hasta allá.

Asimismo, relató cómo durante aquella madrugada se encontraba conduciendo su vehículo camino a Córdoba cuando empezó a encontrarse mal de nuevo. Según él, cuando recuperó la conciencia, ¡sorpresa!, estaba en el cerro.

Sin embargo, a pesar de que a todas las evidencias apuntaban a que este tío estaba pasado de rosca, los del pueblo en lugar decir “oh, se trata sólo de un loco, dejémosle tranquilo” se introdujeron sin ningún tipo de problema en un debate dialéctico en torno a la figura del espíritu.


Así, le gritaban: ¡Pero si el espíritu te pide cosas es porque tú le has dado algo antes!” o “Hemos vivido aquí siempre y a nosotros no nos ha jalado, ¿por qué a ti sí?”.

Mientras tanto, insistían en que si Tomás bajaba no correría ningún peligro y que sólo querían seguir hablando con él, pero ahí hasta el gato sabía que para ese hombre poner un pie en la calle equivalía a un linchamiento en toda regla.

A todo esto, no había manera de enterarse de qué era lo que realmente molestaba tanto a la gente: el que quizás se estuvieran saqueando materiales de la zona y que este tío estuviera montando un “fake” admirable o el que se introdujeran elementos malrrollistas paganos como son las ofrendas a espíritus, algo no muy bien acogido en una población tan católica y con una tradición religiosa tan arraigada.

Y después llegaron los de gobernación del Estado, y representantes del Ministerio Público, y la tele, y el Sol, y los niños correteaban entre sus padres encolerizados, y los perros pulgosos movían el rabo ante tanta algarabía.

Y yo, una vez más, como en una película de Buñuel.

México bárbaro, bárbaro…

And the radio plays: Day two. Explosions in the sky

martes, 6 de marzo de 2007

Un poquito de cultura de la corrupción

Para todo en la vida hay una primera vez. Desde que llegué aquí he vivido varias primeras veces: mi primer baño en el Pacífico, mi primer "enchilamiento" con el consecuente picor abrasador en la lengua, mi primera michelada o mi primera toma de un palacio municipal.

La toma del palacio municipal es una práctica típicamente mexicana que consiste en que, cuando la población de alguna localidad se cabrea, ocupa el Ayuntamiento hasta la cocina para reivindicar sus exigencias e impedir mientras tanto que las actividades del cabildo se sigan desarrollando normalmente. A esta gente nadie le toma el pelo...

La primera vez que yo lo vi en vivo y en directo fue en Zapotitlán Salinas, donde alrededor de trescientas personas (son bastantes tratándose de un municipio semi despoblado en medio del desierto) exigían la destitución del cabildo al completo por varias razones:

1) Nepotismo: la mitad de los funcionarios que el alcalde había nombrado durante su mandato llevaban o su primer o su segundo apellido.

2) Corrupción: el tipo había tasado el coste del asfaltamiento de una calle de 50 metros en una cantidad totalmente descabellada (siento no poder concretarla, todavía no manejo bien cantidades altas de pesos). Al más auténtico estilo marbellí, vamos...

3) Camorrismo: el alcalde, acompañado de su secretario y un regidor, había pegado a un funcionario del servicio de recogida de basura por haber participado en protestas en su contra durante la lectura del informe de gobierno.

En fin...

El otro día nos volvió a tocar cubrir una toma de palacio en Vicente Guerrero, pero esta vez fueron los propios regidores (el equivalente mexicano de los concejales) los que llegaron a esta determinación.

El alcalde del municipio llevaba un año y medio sin repartir entre la población las ayudas que la Dirección de Protección Civil del Estado de Puebla había entregado para los afectados por el Huracán Stan.

Los regidores, incluidos los de su propio partido, el PRI (sí, esos que gobernaron México durante más de 70 años), habían tomado la decisión de abrir por la fuerza las bodegas donde el alcalde guardaba desde octubre de 2005 centenares de mantas, colchonetas, herramientas, productos de aseo y alimentos, muchos de los cuales se encontraban ya en mal estado.

Por supuesto, ningún organismo se había hecho cargo de comprobar que estas ayudas eran entregadas adecuadamente o simplemente entregadas. Por supuesto, nadie asegura a la población de Vicente Guerrero que los regidores vayan a darles lo que les corresponde, pero eso ya es otra historia.

La zona donde se encuentra Vicente Guerrero es una de las áreas más marginales del Estado, la Sierra Negra donde, en las temporadas de invierno, la mayoría de los habitantes de las colonias, que viven en cabañas de madera, pasan mucho frío y hambre.

Especialmente por saber esto, sentimos mucha rabia y pena cuando vimos esas bodegas gigantescas llenas de bolsas de víveres caducados, sacos de arroz rotos cuyo contenido se había desparramado por el suelo y colchonetas roídas por las ratas.


And the radio plays: Take a chance. Magic Numbers